Aclaremos. En la jerga del narcotráfico “mulita” es aquella persona que se encarga de transportar droga para luego ser comercializada. No necesariamente debe consumirla. El inspector de la zona norte de Mendoza, Daniel Nuarte, habló esta semana con la prensa y dijo que había “niños mulita” en escuelas de su jurisdicción. Un día después, tras un gran revuelo mediático/político,
¿Dijo lo que dijo? Sí
¿Se rectificó?
La pregunta es: ¿hay “niños mulita” en las escuelas? Veamos.
El 22 de noviembre de 2007 una maestra de la escuela Nº1-707 Benito Emiliano Pérez, de Guaymallén, perdió su celular. Entonces decidió revisar las mochilas de los chicos en busca del aparato. Entre las pertenencias de un chico de 13 años encontró
Difícil es creer que el pibe tenía esa marihuana para consumo personal. Varios contaron que el alumno se puso a llorar. Obviamente sabía lo que hacía: trasladar droga. Lo que se conoce en la jerga como “mulita”. Ni más ni menos.
Ojo, no se trata de crucificar al pobre pibe. Se sabe que hay barrios complicados, donde los problemas sociales están a la orden del día y la droga quizás no esté en la escuela. Pero espera una oportunidad para entrar y, cada tanto, la aprovecha y lo logra.
Este es uno de los tres casos que bien puede haber denunciado Nuarte y
Y si no hay más escrito es porque los directivos y docentes temen, ante cualquier caso de violencia o drogas dentro de su establecimiento, que se los culpe o sancione.
¿Existen casos similares? No hay duda.
En mi primer año como docente tenía unas horas de Comunicación en una escuela pública. Que quede claro, no se trata de ninguna en las que trabajo actualmente.
Había chicos que se dormían en la clase o faltaban sistemáticamente los viernes.
En esa época trabajaba en el suplemento de espectáculos de Diario UNO. Un jueves a la noche me tocó cubrir un recital en el auditorio Galli. Como banda soporte estaba una que integraban algunos alumnos de la escuela en cuestión (que no está en la regional norte).
Después de actuar, la noche del jueves, los pibes se mezclaron con el público y comenzaron a fumar varios porros. Al otro día entendí por qué faltaban a la escuela o tenían tantos problemas, no sólo de conducta, sino para participar en una clase o concentrarse.
Muchos docentes saben lo que es lidiar con el problema de las adicciones en la escuela. Otros en cambio no se dan cuenta o miran para otro lado.
Supongo que, más allá de que los casos sean muchos o no, es incorrecto decir que la droga está en los colegios. Los chicos mulita no son una constante y me resulta difícil pensar que en un baño se fume marihuana y nadie se de cuenta.
Pero es peligroso y hasta hipócrita pensar que no existen casos porque no se denuncian. Si la droga no ha entrado de lleno a las escuelas es gracias a la mayoría de docentes, directivos, alumnos y padres (integrantes de la sociedad al fin) que se interesan porque esto no suceda.
Ahora bien, si se hace la vista gorda o se cree que es imposible que esto pase o, lo que es peor, negar que haya un porcentaje de gente que quiere que esto sea común, es ingenuo y peligroso.
Abajo hay un vínculo en el que se pueden hacer comentarios en forma anónima. Si como docente, padre, directivo o alumno conoce algún caso, lo puede reflejar en este espacio. Lo invito a comentar entonces.
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